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Colocar la harina en forma de volcán sobre una superficie de trabajo y añadir la sal, la levadura, el agua templada necesaria y el aceite. Mezclar hasta formar una masa suave. Hacer una bola, colocarla en un cuenco, tapar con un paño y dejar reposar en un sitio cálido hasta que doble su volumen. Estirar la masa con un rodillo y formar la pizza en una placa de horno, preferentemente metálica (o sustituir por bases de pizza ya hechas).
Repartir el tomate sobre la superficie y poner encima la cebolla cortada en aros finos, la morcilla cortada en rodajas sin la piel y el queso rallado. Introducir en el horno precalentado, a 225ºC durante 15 ó 20 minutos.
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