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Lavar las patatas y sin pelar, ponerlas en un cazo con agua fría y llevar a ebullición. Una vez las patatas estén hechas (operación que calculo va a durar unos 40-50 minutos... ¡aseguraos que estén bien hechas!),colocar las patatas sobre una fuente plana, un trapo de cocina, una madera para cortar, donde queráis, y pelarlas mientras estén calientes. (Os recomiendo utilizar un trapo, así no os quemaréis las manos).
A continuación, y sin dejar que se enfríen, machacaremos las patatas para hacer un puré (esta operación debe hacerse inmediatamente, ya que si las patatas se enfrían hacer el puré va a resultar mucho más complicado, puesto que la mezcla quedará pegajosa).
Aparte, cortar la cebolla bien finita y dorarla hasta que esté transparente. Una vez doradita, añadir la carne picada, espolvorear un poco de sal y seguir friendo hasta que la carne esté más o menos hecha.
A continuación, mezclar la mezcla de cebolla y carne con el puré de patata. Dejar enfriar.
Para dar forma a las croquetas, untarse las manos con un poco de aceite (para que no se pegue la masa a las manos) y dar forma a la masa con una buena porción (las korokke son algo más grandes que nuestras croquetas, así que coged un buen puñado de masa, para hacer una bola de unos 6cm de diámetro y 1cm de grosor).
Seguidamente, pasaremos a rebozar las croquetas. En primer lugar, pasarlas por la harina, para que queden uniformes; después, introducirlas en una mezcla de huevo batido con un poco de agua; y finalmente, rebozarlas con pan rallado (si tenéis pan rallado japonés, mucho mejor).
A continuación, vamos a freír las croquetas en abundante aceite caliente (¡vigilad no salpicaros!).
Una vez doraditas, escurrirlas con un poco de papel de cocina y colocarlas en una fuente con lo que queráis, escarola, col, patatas... y, venga, lista para servir.
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